Los parlantes apuntan hacia la calle y fusilan a los transeúntes con chacareras, cumbias y otros ritmos a todo volumen. Para colmo, el que se sienta a la mesa debe desembolsar más de $ 20 para tomar una cerveza. Del otro lado de la calzada adoquinada venden panchuques aderezados con el reggaetón picante que intenta competir -sin mucho éxito- con la potencia ensordecedora del local de enfrente. Ojo: seguramente hay quienes disfrutan de la experiencia, pero no todos los oídos esperan estas caricias brutales durante el tiempo de descanso. Si bien la descripción se ajusta perfectamente al paisaje de un mediodía en el microcentro de la capital, en realidad se refiere al corazón de Tafí del Valle, el principal punto turístico de Tucumán (o, al menos, el más promocionado de la provincia).

A más de un mes y medio del inicio de la temporada de verano, los números son claros: en Tafí del Valle se produjo una reducción en la cantidad de visitantes con respecto al año pasado (6% menos), especialmente en el sector de alta gama y también en el medio. Es cierto que hubo varios factores que pueden haber incidido en el resultado (las innumerables lluvias o la gran cantidad de nuevas casas de veraneo que se inauguraron en la villa), pero los empresarios tuvieron que competir con otros adversarios fuertes del NOA. Un ejemplo: uno de los hoteles más importantes de Salta capital lanzó promociones con precios similares o más bajos que los de los establecimientos tafinistos.

La disminución de visitantes en Tafí del Valle se compensa con la multitud que invadió San Pedro de Colalao (en su mayor parte, tucumanos) o con la alta ocupación hotelera en la capital a raíz del Dakar a principios de enero. Pero el hecho de que un destino en temporada alta (Tafí del Valle) haya tenido que competir directamente con otros que se encuentran en temporada baja da que pensar. Es lógico que cuanto mayor sea la demanda los precios suban y que, en caso contrario, la ecuación sea a la inversa. Pero si a pesar de estar en temporada alta, algunos de los empresarios tafinistos tuvieron que enfrentar una dura competencia, la raíz del problema puede ser que la relación entre precio y calidad no sea la adecuada o que la gestión comercial, en algunos casos, no sea buena.

Es que en turismo no basta con la promoción que pueda hacer el Estado de un destino; todos los actores deben aportar su parte para que el resultado sea positivo. Por ejemplo, si el servicio de internet que se ofrece es deficiente -además del turista, obviamente- el empresario es el que se ve perjudicado (en promedio, el 70% de las reservas en los establecimientos de alta gama se hace vía web y si un día hay conexión y otro no, la atención al posible cliente se resiente).

Si el hotelero y el gastronómico no generan promociones tentadoras y lógicas con respecto al servicio que ofrecen (por ejemplo, un fin de semana romántico por San Valentín a precio especial o una botella de cerveza a un valor medianamente razonable), el turista, que no es tonto, se va a dejar seducir por otros destinos.

Y si la Municipalidad no se encarga de controlar el comercio legal (y de erradicar el ilegal), entre muchísimas otras cosas, y permite que el principal paseo de la villa parezca por momentos una feria, es el destino en general el que resulta perjudicado. Estos argumentos no pretenden exhortar a una disminución masiva de precios ni descalificar la hotelería; al contrario. Proponen una adecuación de la calidad al valor que se cobra.

Salvando las distancias, en Purmamarca, Jujuy, las inversiones millonarias en hoteles de alta gama no sólo beneficiaron a los empresarios, sino a muchas otras personas: desde los jóvenes que estudiaron alguna tecnicatura en Turismo y consiguieron trabajo hasta a los lugareños que siembran papines andinos en algún pedazo de tierra y se los venden a las cocinas de los hoteles. La calidad del servicio en muchos de estos establecimientos es indiscutible y los precios superan a los de Tafí del Valle. Pero ¿alguien se queja?